lunes, 5 de agosto de 2024

La verdad



Oh Todo:

La verdad:

danza en el viento 

bucea en el agua 

cabalga la Tierra 

hierve en el fuego 



Está más allá de los elementos 

animándoles, produciendo movimiento 

y por eso, es danza sin aire

Es la emoción del baile 

la rima del gesto 


Indagación profunda 

abismo de dolor

cima de placer 

y en ambas 

buceo 


La verdad 

es galope

sin bestia ni jinete que la monte

Es la que encarna la forma 

y en su quietud silente

es el animal, el movimiento y el jinete

que explora el verso  

desde siempre 





martes, 23 de julio de 2024

Poema X







 Foto: Mauro Grigollo


Oh Todo:



Tanto Amor desaprendido
Con cada ex
Queda mucho más que la X
Los ecos de un temblor
Un rumor de maletas
y las playas donde el tiempo se detuvo.
Aparece como un fantasma
y es de carne y alma


Hay tanto que proteger
y la memoria se hará playa
Su dura concha, fina arena
y nuestra inocencia olvidada
al desenvolvernos como un regalo, el corazón


miércoles, 26 de junio de 2024

La noche del cénit

 Ojos de búho en la noche de San Juan


Luz del verano, fuego azul

queimada ritual



La madre Cisne con patitos negros

El rey de la tierra, compases viajeros.

Torres lamidas por el trueno

Todos recordamos en la hoguera

En el ojo del sol

Bajo la ducha de estrellas

Los cuatro fuegos que despiertan y encarnan la canción:


Fuego del agua

diosa sulfúrica

Fuego del aire

el rayo que labra el corazón del roble

Fuego de la tierra

Volcán de obsidiana

Diosa de lava, cadera tectónica...

Y fuego de Sol

nos alumbra todo el año

Y traduce al Señor


Oh Gran Misterio

Te ofrendo mi sueño

Nunca estuve en mejores manos

Que cuando te confié

 mi corazón

sábado, 15 de junio de 2024

El vuelo del Fénix




Cayó Fenicia

como Galia

como Hispania


Éramos tan diferentes

caímos en un romance

y en una serie bélica


pero las páginas que ardían

no las escribían los cronistas

sino los estudiantes de alquimia

los que esuchaban las estrellas

los hombres y mujeres

medicina


Ardieron Hipatia

Safo

Giordano Bruno


Y como los Cátaros

las veguinas

y las amazonas

Los mártires de Roma

se encomendaron a los Fénix

que latían bajo las plumas

de los cuervos y los buitres


Y una sonrisa de fuego

Surcó el firmamento

como un puente entre la Tierra y el cielo

Sólo 

los colgados

vieron sonreír a la lluvia

y al fénix salir

del arcoiris

domingo, 12 de mayo de 2024

La estrella de un Maqui


 Estaba intentando dormir con los pies cruzados y las botas puestas dentro del saco cuando pensé:

Deseo tener un niño con la Juana. 

Justo entonces sentí un resplandor, abrí los ojos y ví una estrella fugaz pasando a toda leche sobre la plataforma, una explanada de pasto rodeada de montañas y de nieve.

La verdad es que en ese momento me acojoné vivo. Era como si me hubiera escuchado el cielo. ¿Iba a ser padre? No pude darle muchas vueltas al asunto, porque mi teniente comenzó a despertarnos en voz baja.

Eché un vistazo alrededor y ví al sueco sobre una roca.

Su presencia vigilante me tranquilizó.

Cuando vino el teniente a despertarme le pregunté:

-¿Qué pasa jefe?

-Parece que hay movimiento allí abajo, puede que sean los Civiles.

-¿A estas horas?

-Vamos. Tomad posiciones, ya veremos si son o no son.

Era nuestro enlace, Demetrio el cabrero, que había subido con un par de mulas de avituallamiento.

Traía malas noticias, habían detenido a María La Guisandera, una colaboradora nuestra que era quesera de la localidad de Guisando. ¡Qué faena!

A esas alturas seguramente la tuvieran en el Palacio de la Mosquera en Arenas de San Pedro.

No tardaría en cantar hasta en latín para salvar el pellejo. Yo no la culparía por ello. Más le valía hacerlo.

Así que nuestro refugio estaba “quemado”. Teníamos que movernos.

Nos fuimos a toda prisa, por un lado para ganar altura antes que los picoletos. por otra, para no pensar y morirnos de frío sin poder hacer fuego.

Al otro lado de la ladera contábamos con varios escondrijos entre las pallozas de los ganaderos, pero con la María cantando en La Mosquera ningún sitio parecía seguro.

Mientras caminaba pensaba en La Juana. Paseando con su blusa blanca como un velero henchido de viento. Ese viento del pueblo que le gustaba tanto recitar.

Había luz en mi recuerdo, la luz de los Jardines del Real del verano pasado, cuando yo estaba recién llegado a Valencia.

La Juana me dio hospitalidad y me puso al día de las acciones de los maquis.

Por los Pirineos había pasado Carrillo con varias columnas, pero no consiguieron retener el valle de Arán. Los franquistas habían recibido un chivatazo y les estaban esperando.

Sin embargo varias brigadas estaban actuando por la zona de Levante y de Teruel.

En Gredos nunca se habían rendido del todo. Mi misión era llegar como refresco allí, donde estaba mi teniente.


Juana y yo estábamos solos en aquel piso franco aunque yo salía a trabajar para un contacto que teníamos en los muelles y Juana se quedaba en casa encargada de codificar y enviar los mensajes de nuestra guerrilla.

Pasaron los meses y me sentía tranquilo, por fin en la retaguardia después de darlo todo en la división Lecrerk. La primera que llegó a París. Le contaba a La Juana como nos lo pasamos en la fiesta de la liberación y después, cuando los camaradas empezaban a dispersarse como me cogió por banda mi teniente (Más conocido como “El orejas” por sus orejas de soplillo) y me convenció para unirme a su columna.

-Herminio. Necesitamos hombres como usted, con experiencia en el frente para liberar la península del yugo del fascismo.

-Don Millán, no es que no quiera ir, entiéndame usted, es que llevamos desde el 36 en las trincheras y a tiro limpio por los montes.

-Todo lo que hemos luchado será en vano si no liberamos la península. Ahora somos fuertes. Hay que canalizar el agradecimiento de los aliados para nuestra causa. Si no, seremos apátridas o ciudadanos de segunda lo que nos queda de vida.

-Tiene usted razón mi teniente, pero yo necesito un permiso de unos meses para recuperarme antes de volver al frente.

-Claro, tómese su tiempo, pero haga el favor de no dormirse en los laureles. Le estaremos esperando.

Corría el verano del cuarenta y cuatro y al final estuve casi tres años intentando olvidar tanta violencia y tanta muerte. Pero me despertaba llorando o gritando en plena noche.


Me establecí en Marais, cerca de Marsella y eché los días en los viñedos de un chateau. Jaques, el dueño, simpatizaba con la causa de los españoles y pasábamos las tardes hablando en el jardín, montando a caballo o jugando a la petanca. Pero cometí la imprudencia de enamorarme de su hija y un día que estábamos pisando uvas en el lagar, ella y yo comenzamos a reír y bailar descalzos.

Cuando volvíamos de limpiarnos los pies nos encontramos cara a cara y una cosa llevó a la otra y bueno. El ambiente se enrareció. El marido notó algo y… estaba celoso.

Razón no le faltaba al pobre así que me fuí de allí. Contacté al orejas y nos citamos en Valencia.

El POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) me puso en contacto con Fermín, un obrero anarquista que hacía unos documentos que eran auténticas obras de arte. Así que allí me cambié el nombre y la identidad tras beberme una botella de vino con él.

Me bautizó echándome un poco de vino en la cabeza diciendo:

Roberto Celada, hijo de José Alberto Celada y José Fina Reina. Nacido en Castellón el 15 de Agosto del año 17. Yo te bautizo en nombre del antifascismo y de la libertad. Invéntate una buena historia y dale bien duro a esos cabrones. ¡Salud y suerte!


En todo eso andaba pensando cuando El Orejas chistó y nos hizo señas para que nos agacháramos.

Escuché cascos de caballo, me escondí tras una roca y amartillé mi fusil Mosin Nagant .

Paree que el sonido alertó a los jinetes porque dejaron de sonar los cascos.

A la luz de las estrellas vi un par de sombras deslizándose entre los arbustos a unos 100 metros cerca de un río.

Más atrás venían más jinetes.

-Mierda.- Dijo el orejas- Saben que estamos aquí.

Luego con lenguaje de señas fuimos compartiendo sus órdenes:

-Tomad posiciones, esperad que se acerquen y fuego a discreción.

La tropa de los Guardias Civiles parecía que no acababa nunca y cuando comenzaron a trepar por la ladera de roca en roca, abrimos fuego.

Vacié el primer cargador en menos de medio minuto.

Los oídos me pitaban y las esquirlas de piedra saltaban por todas partes. Una me arañó la mejilla, me la toqué y noté el sabor de la sangre cuando me chupé el dedo.

Menos mal que el Demetrio había traído municiones.

Aguantamos allí cerca de dos horas, hasta que al amanecer los Guardias Civiles comenzaron a ser un blanco más fácil y se retiraron.

-Poco me fío yo de estos- Dijo el orejas con voz ronca- Vámonos al bosque pero rapidito.

Comenzamos a marchar cargando con tres heridos y un muerto.

Dos de los heridos no eran graves (una bala en la pierna uno y otra en el hombro otro) pero el sueco se había llevado un agujero en el pómulo y apenas se tenía en pie.

-Mi teniente, estamos dejando un rastro de sangre.

-Pues límpialo Benito, procura que no se vea.

Y así no podíamos movernos muy deprisa y la avioneta de los nacionales comenzó a oírse antes de haber alcanzado el bosque. Afortunadamente lo primero que hizo fue dirigirse a la montaña que acabábamos de abandonar.

Nos metimos en el bosque y enterramos a Felipe.

Quedaba poco del gordo bigotudo y bonachón que conocí hacía unos meses. Estaba flaco como un galgo. Como todos.

La huella de aquel 48 nos dejó claro que no había sido ella.

María La Guisandera no había cantado porque seguimos encontrando refugio entre los pastores de la zona y ellos hubieran sido los primeros en caer.

Alguien se habría chivado de ella y de que estábamos en esa zona. Seguramente algún vecino que la vio subir al monte con su cesta llena de quesos.

Poco después comenzaron a deforestar los bosques de roble y castaño. Las laderas se llenaron de leñadores y cada vez fue quedando menos pasto para las ovejas de los pastores en aquellas majadas de Gredos. Plantaron pinos. Como decía el Demetrio, había que resinarse. Vendió el ganado y se metió a resinero.

Ghandi había muerto aquel mismo año y Stalin y el P.C.E. (Partido Comunista Español) dejaron de apoyar a los maquis.

Yo seguí el augurio de aquella estrella que vi en la plataforma de Gredos y me fuí a ver a La Juana.

Iba escondido en un camión lleno de cerdos escondido tras una lona y unas mantas. Al llegar a Valencia me bañé en el mar, compré ropa nueva y llegué el día antes del nacimiento de nuestro hijo… que al final fue niña, y la llamamos María, por María La Guisandera. La que pudo haber cantado y se dejó la piel en el Palacio de la Mosquera, que dicen que desde entonces está encantado.

Los aliados nunca llegaron a liberar España, pero cuando volví al chateau de Jaques con mi familia un año más tarde, el marido de su hija se había liberado de sus celos.


Ahora cuando enciendo las velas de la tarta de María, sólo me acuerdo de aquella estrella fugaz que me enseñó a vivir sin miedo a la muerte. Ahora mi hija poco a poco, va enseñándome a vivir en paz.



viernes, 12 de abril de 2024

3 poemas disidentes

 

Cuando me invitó Rafael Carvajal a participar en un recital "disidente" vi una oportunidad para explorar el significado de esta palabra y ver cómo vivo la disidencia al sistema consumista- materialista en mi día a día.

Al poema "Disidencia" inédito hasta entonces, añadí otros dos que podéis encontrar en mis blogs. Poema de Fenrir y Tocando la noche.

Gracias por sentir y disentir conmigo.




lunes, 1 de abril de 2024

Nueve de oros

 

9 de oros




Cuando paseas por el jardín
y cada planta es un viejo amigo
que de cuando en cuando vas a visitar
ya no es necesario que riegues con tu sal
los surcos que hiciste a la luz de un sol más joven

Entona la guitarra sus acordes
los gatos buscan sus ratones, se emboscan tras la hierba
el hogar crepita en el salón y, costillas adentro, acoges a tu amante.
La piel comunica sus mensajes: Eres amado, te cuido, tú eres importante para mí

Y así vas cosechando los nueve oros que sembraste
es, la plenitud. La primavera cuyas flores no tardarán en marchitarse.
Acojo cada rayo de luna que se aloja, plateándome el pelo
al igual que estos oros
sabiendo, que desdicha y alborozo
lejos de ser movidos fundamentalmente por lo externo
Son más bien frutos del carácter
fraguado en un crisol

En él se vierten el alma, la historia y los genes
cada planeta, nos hizo un regalo
alguno tal vez envenenado
para sacarnos de nuestro letargo
y abrirnos a lo transpersonal

Hoy celebro la primavera
sabiendo que estas flores
serán el humus
de este aprendiz de ser más que feliz
cada vez más sencillo, cada vez
 más humano.