I
El Mago
Sacar un pie tras otro
de la locura
de ser uno con La Fuente
sin mente para sostenerlo
en un mundo hambriento,
ignorante y dual
Entrar en el escenario
como un hombre árbol
que ya estaba allí
aunque nadie le viera
Poco a poco, en la calle del mercado
bajo el árbol más grande
la gente, se fue juntando
Al quitarse la pipa de la boca
dejó a medias un rezo
y sus ojos escudriñaron el vacío
como un búho blanco en la noche negra
-Reconcilio los opuestos-
<dijo vertiendo unas gotas
en un sahumador sobre su mesa>
y de pronto un humo azulado
se alzó sobre las rojas brasas
Entonces cogió una pequeña espada
y cortó en rodajas un muérdago
que colgaba de un árbol a su espalda
lo mezcló con esporas de amanita
ruda, romero y hierbabuena
las machacó en el mortero con un basto y dijo:
-Ya tengo el remedio,
decidme vuestros dolores.-
Se acercaron muchas manos y con el báculo las tocó diciendo
Una moneda de oro cuesta al noble
Una de plata al burgués
y de bronce al campesino
al que también se le aceptan trueques
Y así fue como el mago
encantó a señoras y señores
dando bálsamos con ensalmos
transmutando venenos
y cosechando con su hoz
sedujo a la misma muerte
con su música
Y con su voz
-el Universo es mental-
Y se despidió
Quitándose el sombrero infinito
recogió papel, agradeció los bizum
el trueque... y en metálico
-La magia siempre es
a la voluntad-
Extracto de "Del loco al mundo", de Luis Carmona Horta
