#Palabrascontraelfuego
Huyendo del humo que se esparcía
como una niebla omnipresente
Vi desde el coche la serpiente de fuego
que se estiraba sobre las laderas, iluminando la noche.
Cuando llegué a casa arranqué una flor del sueño a un arbusto de pasiflora
y me hice una infusión antes de dormir
Para hablar en un sueño lúcido
Con el tremendo fuego.
En mitad de la madrugada, una salamandra llamó a la puerta.
Como normalmente las lamen como helados ardientes hasta hacerlas ceniza, invité a tan educada elementala a entrar en mi casa y la pedí disculpas por no ofrecerle ninguna silla.
-¿A qué has venido, salamandra?
-He venido a llevarme lo que te sobra.
-¿Lo que me sobra? Pues te lo agradezco en el alma.
-Alma es lo único que no te sobra y que no me puedo llevar.
-Siento contradecirla, fogosa salamandra, pero… hay muchas cosas que me hacen falta para vivir.
-¡Ya me las llevaré! El Universo es como la danza del fuego, hermoso y cambiante.
Pero de momento, vengo a llevarme lo que te enferma. Tus juicios y tu ira.
-Estoy muy enfadado, es verdad. Mis hermanos plantan pinos y eucaliptos, se intoxican evaden e hipnotizan y mientras arde el monte que les vió crecer. ¡Nos regaron las montañas!
Hacen negocios con las tierras quemadas, venden los cadáveres de los árboles con subvenciones estatales para sus plantas de biomasa! Perpetran la oportunidad para poner sus placas y sus molinos, nos roban el paisaje¡y las aves se estrellan como Quijotes entre sus aspas!
La salamandra se quedó unos instantes ardiendo en silencio y su insondable mirada me provocó un escalofrío que me sacudió desde las plantas de los pies.
-Olvidas que te juzgas a ti mismo.
Que eres un humano apegado a sus efímeras posesiones. A sus ilusiones de ser esto y lo otro. A sus necesidades de pertencia.
Codicias las tierras ajenas. Tú mismo quemaba ramitas y hormigas antes de hacerte un hombre.
Te juzgas y yo te robo el juicio con el fuego de la ira.
-Está bien salamandra. ¡Llévatela!
Pero hazme un favor.
La salamandra permaneció en silencio
-Mantén prendido mi corazón.
-Así será, pero tendrás que echarle maduros pensamientos. Deshacerte de los verdes. Si no, se apagará.
-No te pido que te rindas -continuó la salamandra- Aquí tienes este fuego. Es la antorcha de la verdad. Ella quema el olvido.
El olvido de la unidad con todo lo vivo.
Y el olvido de que todo tiene que cambiar, para que sigáis, estando vivos.
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